Naín Andrés Pérez Toncel, señalado como uno de los principales cabecillas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, murió durante un operativo en Riohacha. El Gobierno celebra un resultado importante, pero ahora deberá impedir que otro jefe criminal ocupe su lugar.
La persecución terminó en una vivienda del barrio Los Olivos, en Riohacha. Allí murió en la madrugada de este viernes 4 de septiembre Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor” o “Naín”, uno de los hombres que las autoridades ubicaban entre los principales mandos de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), también conocidas como Los Pachenca.
No fue un operativo menor. Pérez Toncel acumulaba cinco órdenes de captura por homicidio, secuestro y extorsión y era buscado internacionalmente mediante una circular roja de Interpol.
El presidente Abelardo de la Espriella viajó a La Guajira y desde Riohacha confirmó el resultado de la operación, desarrollada por unidades de la Policía Nacional con participación de organismos especializados y apoyo de las Fuerzas Militares.
Junto a Pérez Toncel murieron su pareja, Rosa Angélica Tarazona, conocida como alias “La Bebecita”, y dos hombres señalados como integrantes de su esquema de seguridad. De acuerdo con las versiones conocidas del procedimiento, estos últimos habrían enfrentado a los uniformados, lo que desencadenó un intercambio de disparos.
De sicario a hombre fuerte de las ACSN
Según los expedientes conocidos, ingresó a las ACSN en 2019 como sicario y posteriormente escaló dentro de la organización hasta convertirse en jefe de la estructura Javier Cáceres. Su área de influencia se extendió por sectores de La Guajira y las autoridades lo relacionaban con actividades de extorsión, homicidio, narcotráfico, reclutamiento y control ilegal del territorio.
Ese último punto explica por qué su muerte trasciende la caída de un solo hombre.
En distintas zonas del Caribe, las organizaciones armadas no dependen únicamente de sus cabecillas. Funcionan mediante redes locales que cobran extorsiones, vigilan corredores, intimidan comerciantes y ejercen presión sobre comunidades. Eliminar a quien dirige una de esas estructuras golpea su capacidad de mando, pero no necesariamente destruye el aparato que permanece en el territorio.
El desafío empieza después del operativo
Para el Gobierno de De la Espriella, la operación constituye un resultado significativo en su estrategia de seguridad, particularmente por tratarse de un objetivo de alto valor que era buscado por delitos graves.
Cuando cae un jefe criminal pueden aparecer rápidamente sucesores. También pueden abrirse disputas internas por las rutas, las rentas ilegales y el territorio que controlaba el cabecilla. Si el Estado no ocupa esos espacios con inteligencia, Policía, Fiscalía e instituciones civiles, el vacío puede convertirse en una nueva fuente de violencia. Ese es el verdadero examen después de Riohacha.
Para las víctimas y la comunidad que vive bajo presión de hombres armados, poco importa el nombre de quien encabece la estructura. Lo que importa es poder trabajar, desplazarse y vivir sin pagarle a un grupo ilegal ni pedirle permiso.
Por eso el éxito del operativo contra “Bendito Menor” no debería medirse únicamente por la muerte del cabecilla, habrá que observar qué ocurre durante las próximas semanas en La Guajira y otros territorios del Caribe donde las ACSN tienen influencia, si disminuyen las extorsiones, si se producen nuevas capturas, si son golpeadas las finanzas de la organización y, sobre todo, si las autoridades consiguen impedir que aparezca un reemplazo.
La caída de Pérez Toncel es un golpe para las ACSN. Para el Estado, sin embargo, es apenas una parte del trabajo. La victoria que realmente cuenta será otra, que los ciudadanos recuperen el territorio que durante años les han negado las organizaciones criminales.
