La adquisición de la histórica empresa de helados Tío Rico no es solo una expansión empresarial. Refleja el regreso del interés de grandes compañías colombianas por un mercado que durante años fue sinónimo de incertidumbre y que hoy vuelve a generar expectativas de negocio.
Grupo Nutresa anunció la compra del 100 % de Industrias Tío Rico C.A., una de las marcas de helados más tradicionales de Venezuela. La operación, que aún debe cumplir los trámites habituales para su cierre definitivo, fortalece la presencia de la compañía colombiana en el negocio de alimentos y confirma que el mercado venezolano vuelve a estar en el radar de los grandes inversionistas nacionales.
Para Jaime Gilinski, presidente ejecutivo de Grupo Nutresa, la adquisición hace parte de una estrategia de crecimiento que busca consolidar la presencia de la empresa en Venezuela en medio de la gradual reapertura económica del país.
Pero detrás de la compra de una empresa de helados hay una historia mucho más amplia.
Una relación empresarial que nunca desapareció
Aunque durante la última década Venezuela estuvo marcada por sanciones internacionales, crisis económica, hiperinflación y migración masiva, algunas compañías colombianas nunca abandonaron completamente ese mercado. En el caso de Nutresa, la relación viene desde hace más de tres décadas.
En 1995, cuando todavía operaba bajo el nombre de Grupo Nacional de Chocolates, realizó su primera adquisición internacional precisamente en Venezuela al comprar Industrias Alimenticias Hermo. Ese mismo año creó Cordialsa Venezuela para distribuir productos como Noel, Colcafé y Chocolates Jet.
La compra de Tío Rico no representa un regreso. Representa la continuidad de una apuesta que sobrevivió incluso a los años más difíciles de la economía venezolana.
La pregunta resulta inevitable
¿Por qué invertir hoy en un país que todavía enfrenta profundas dificultades económicas e institucionales?
La respuesta está en una combinación de factores económicos y estratégicos.
Durante los últimos años, Venezuela ha mostrado algunos signos de estabilización respecto a la crisis más severa que vivió entre 2017 y 2020. Aunque persisten desafíos importantes, ciertas actividades económicas han recuperado dinamismo y el consumo privado comienza a mostrar señales de crecimiento en algunos sectores urbanos.
A ello se suma un elemento clave para Colombia, la normalización gradual del comercio bilateral.
El restablecimiento de relaciones comerciales ha permitido que empresas colombianas vuelvan a evaluar oportunidades que durante años permanecieron prácticamente cerradas.
La cercanía geográfica reduce costos logísticos y facilita el abastecimiento desde Colombia, una ventaja competitiva difícil de igualar para competidores de otros mercados.
No es casualidad que Gabriel Gilinski comparara recientemente esa expansión con pasar «de Texas a Luisiana»: una forma de ilustrar la proximidad entre ambos mercados y las sinergias que pueden aprovecharse.
Venezuela vuelve a aparecer en los planes empresariales
Nutresa no es la única compañía que observa nuevamente al vecino país.
Cementos Argos continúa gestionando la recuperación de activos que fueron expropiados durante el gobierno de Hugo Chávez.
GeoPark también ha incluido a Venezuela dentro de sus planes estratégicos de largo plazo.
Más allá de los nombres, el mensaje es claro. El empresariado colombiano comienza a diferenciar entre los riesgos políticos y las oportunidades económicas que aún ofrece un mercado de más de 28 millones de habitantes.
No significa que Venezuela haya dejado atrás sus problemas. Significa que algunas empresas consideran que el potencial de crecimiento empieza a compensar parte de esos riesgos.
El dato que explica el interés
Un estudio de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex) calcula que Colombia podría incrementar sus exportaciones hacia Venezuela hasta US$2.842 millones en los próximos años.
El gremio identificó 99 productos con potencial comercial, especialmente en sectores como:
- Agroalimentos.
- Productos farmacéuticos.
- Químicos.
- Plásticos.
- Vehículos y autopartes.
Sin embargo, ese potencial dependerá de factores que siguen siendo determinantes:
- Estabilidad regulatoria.
- Seguridad jurídica para la inversión.
- Mecanismos eficientes de pago.
- Disponibilidad de divisas.
- Infraestructura logística en la frontera.
En otras palabras, las oportunidades existen, pero todavía conviven con importantes niveles de incertidumbre.
¿Qué significa esta compra para Colombia?
Más allá del negocio específico de los helados, la adquisición envía varias señales para la economía colombiana.
La primera es que las grandes compañías nacionales vuelven a considerar a Venezuela como un mercado de expansión, algo que parecía improbable hace apenas unos años.
La segunda es que la internacionalización de las empresas colombianas ya no se limita a mercados lejanos. La región vuelve a convertirse en un escenario prioritario para crecer.
Y la tercera es que el comercio binacional puede convertirse nuevamente en un motor para miles de pequeñas y medianas empresas proveedoras de materias primas, servicios logísticos, empaques y transporte.
Cuando una multinacional colombiana amplía operaciones en otro país, el impacto no suele quedarse únicamente en esa compañía.
Toda la cadena de valor puede verse beneficiada.
Entre la oportunidad y la prudencia
Sería un error interpretar esta operación como una señal de que Venezuela recuperó plenamente su estabilidad económica.
Los desafíos siguen siendo significativos.
Persisten interrogantes sobre el entorno institucional, la seguridad jurídica, el acceso a divisas y la evolución política del país.
Por eso, las inversiones que hoy realizan las empresas colombianas parecen responder a una lógica de largo plazo, entrar temprano en un mercado que podría seguir recuperándose, sin desconocer que todavía existen riesgos importantes, es una apuesta calculada. No una apuesta ciega.
El verdadero desafío
La compra de Tío Rico confirma que las empresas colombianas están dejando de observar a Venezuela únicamente como un riesgo para empezar a verla nuevamente como una oportunidad.
No significa que los problemas hayan desaparecido. Significa que algunos actores económicos consideran que el momento para volver a invertir ha llegado.
Para Colombia, el desafío será aprovechar esa reapertura con inteligencia, fortaleciendo las exportaciones, apoyando al sector productivo y promoviendo un comercio que genere beneficios reales para empresas, trabajadores y consumidores.
Porque, al final, detrás de una fábrica de helados hay algo mucho más importante, una señal sobre hacia dónde puede moverse la economía regional en los próximos años.
