El terremoto que sacudió Colombia este lunes 10 de agosto tuvo una característica determinante: ocurrió a gran profundidad dentro de la placa de Nazca. El fenómeno permitió que sus ondas sísmicas fueran percibidas a enormes distancias y explica por qué millones de colombianos sintieron un movimiento intenso y aparentemente interminable.
Para millones de colombianos fueron segundos que parecieron minutos. A las 7:34 de la mañana de este lunes 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió buena parte del territorio nacional. Desde el occidente hasta ciudades alejadas del epicentro, ciudadanos reportaron un movimiento prolongado que dejó una misma impresión: parecía no terminar.
Pero detrás de esa percepción existe una explicación geológica. El terremoto tuvo su origen cerca de San José del Palmar, Chocó, y se produjo a aproximadamente 100 kilómetros de profundidad. No fue, por tanto, un terremoto superficial convencional.
Se trató de un sismo intraplaca profundo, ocurrido dentro de la placa de Nazca mientras esta se introduce debajo de la placa Suramericana. Esa profundidad es una de las claves para entender por qué el terremoto pudo sentirse en una extensión territorial tan grande.
¿Qué pasó exactamente debajo de Colombia?
Colombia se encuentra en una de las regiones tectónicamente más complejas de América.
En el occidente del territorio interactúan varias placas tectónicas. Una de las más importantes es la placa de Nazca, ubicada bajo el océano Pacífico, que se desplaza hacia el continente y termina introduciéndose debajo de la placa Suramericana. Este proceso se conoce como subducción.
El Servicio Geológico Colombiano ha explicado que en esta zona la placa oceánica avanza bajo el continente a un ritmo aproximado de 55 a 60 milímetros por año.
Puede parecer poco. Pero el movimiento ocurre de manera permanente durante décadas, siglos y millones de años.
Las rocas sometidas a estas enormes fuerzas acumulan esfuerzos. Cuando las condiciones permiten una ruptura, parte de esa energía se libera en forma de ondas sísmicas. Eso fue lo que ocurrió este lunes.
Un terremoto a más de 100 kilómetros de profundidad
La profundidad resulta fundamental para comprender este terremoto. Las primeras estimaciones situaron el foco sísmico aproximadamente entre 96 y 120 kilómetros bajo la superficie, dependiendo de la agencia y del momento en que fueron procesados los datos.
Estas diferencias iniciales son normales. Cuando ocurre un terremoto de gran magnitud, las redes sismológicas reciben progresivamente información procedente de diferentes estaciones y los especialistas recalculan parámetros como localización, profundidad y magnitud.
La estimación internacional citada durante la jornada situó el evento alrededor de los 107 kilómetros de profundidad. Eso permite clasificarlo como un terremoto de profundidad intermedia. Y esa característica ayuda a explicar por qué fue percibido tan lejos.
¿Por qué se sintió durante tanto tiempo?
Aquí está una de las principales preguntas que dejaron las imágenes y testimonios del terremoto. La explicación tiene varios componentes.
La ruptura sísmica no ocurre necesariamente en un instante matemático. Durante un gran terremoto, una sección de roca puede romperse progresivamente y liberar energía durante varios segundos.
Los análisis técnicos citados tras el evento estimaron una duración media de ruptura cercana a 12,5 segundos.
Pero esos 12,5 segundos no equivalen necesariamente al tiempo durante el cual una persona siente moverse un edificio.
Después de producirse la ruptura, diferentes tipos de ondas sísmicas viajan a velocidades distintas y recorren caminos diferentes hasta llegar a cada ciudad.
Primero pueden llegar unas ondas y posteriormente otras. Además, los sedimentos del terreno y las características de los edificios pueden amplificar o prolongar la sensación de movimiento.
Por eso, para una persona dentro de un edificio alto, el episodio puede sentirse considerablemente más prolongado que la duración de la ruptura en el foco del terremoto.
La profundidad permitió que las ondas viajaran grandes distancias
El otro elemento decisivo fue la profundidad. Un terremoto profundo puede transmitir energía a través de grandes volúmenes de la corteza y el manto terrestre, permitiendo que sus ondas sean registradas o percibidas a enormes distancias.
Eso ayuda a explicar por qué el movimiento de este lunes no quedó restringido al Chocó.
Fue sentido en ciudades del Eje Cafetero, Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá, además de reportarse percepción fuera de Colombia.
La amplitud geográfica del fenómeno sorprendió a muchos ciudadanos, pero es compatible con un terremoto potente ocurrido a profundidad intermedia.
¿Un terremoto profundo es menos peligroso?
No necesariamente. La profundidad puede reducir determinados efectos sobre la superficie cerca del epicentro en comparación con un terremoto superficial de igual magnitud, porque las ondas deben recorrer una distancia mayor antes de alcanzar las construcciones.
Pero eso no significa que un terremoto profundo sea inofensivo.
La magnitud, la distancia hasta las ciudades, el tipo de suelo, la calidad de las edificaciones, la duración del movimiento y la vulnerabilidad de la infraestructura determinan finalmente el nivel de daño.
El terremoto de este lunes demuestra precisamente esa combinación. Aunque su foco estuvo a gran profundidad, su magnitud 7,4 representó una liberación considerable de energía y el movimiento afectó una enorme extensión del territorio.
Magnitud e intensidad no significan lo mismo
Comprender esta diferencia ayuda a interpretar correctamente los terremotos.
La magnitud mide el tamaño del evento sísmico y la energía asociada a la ruptura.
La intensidad, en cambio, describe cómo se siente el terremoto y qué efectos produce en un lugar determinado.
Por eso un mismo terremoto tiene una magnitud determinada, pero puede presentar intensidades distintas dependiendo de la ciudad.
Una población próxima a las zonas de mayor movimiento puede experimentar sacudidas fuertes y daños, mientras otra situada a cientos de kilómetros puede registrar solamente oscilaciones perceptibles.
Los modelos divulgados después del terremoto estimaron sectores con intensidad de hasta VII —Muy Fuerte— en la escala de Mercalli Modificada.
¿Qué es exactamente un terremoto intraplaca?
El terremoto del 10 de agosto presenta otra particularidad importante.
No se habría producido directamente en el contacto entre las placas de Nazca y Suramericana, sino dentro de la propia placa oceánica que está descendiendo hacia el interior terrestre.
Por eso se denomina terremoto intraplaca o intraslab.
Imagine una enorme lámina rocosa introduciéndose lentamente debajo de otra.
Mientras desciende, esa placa se dobla, se deforma y experimenta cambios de presión y temperatura.
Esas condiciones pueden producir fracturas internas capaces de generar terremotos de gran magnitud.
La placa de Nazca: una gigantesca estructura bajo nuestros pies
La dinámica tectónica del occidente colombiano no comenzó con el terremoto de este lunes ni terminará después de sus réplicas.
Es un proceso geológico permanente.
La placa de Nazca continúa desplazándose bajo Sudamérica.
Además, la geometría de las placas debajo del territorio colombiano no es uniforme. Existen cambios en su inclinación y zonas donde las estructuras tectónicas presentan comportamientos complejos.
Todo ello convierte a Colombia en un territorio sísmicamente activo.
No significa que pueda determinarse cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto.
Significa que los terremotos forman parte de la realidad geológica del país y que la política pública debe prepararse para ellos.
¿Se podía predecir el terremoto?
No. La ciencia actualmente puede identificar fallas, zonas de amenaza, patrones históricos y probabilidades de ocurrencia de terremotos durante periodos determinados.
Pero no existe un método científicamente validado capaz de indicar con precisión el día, hora, lugar y magnitud del próximo terremoto.
Por eso es importante desconfiar de publicaciones en redes sociales que aseguren haber “predicho” el evento o anuncien un terremoto para una fecha específica.
La preparación sísmica no consiste en adivinar cuándo temblará.
Consiste en construir infraestructura resistente, aplicar normas de sismorresistencia, identificar edificaciones vulnerables, realizar simulacros y preparar a los ciudadanos para reaccionar.
Las réplicas son normales después de un gran terremoto
Después del movimiento principal se registraron réplicas, entre ellas eventos reportados inicialmente con magnitudes de 2,8 y 4,8.
La ocurrencia de réplicas después de un terremoto importante es un fenómeno esperado.
Cuando ocurre una gran ruptura, los esfuerzos en las rocas cercanas se redistribuyen. Ese reajuste puede producir nuevos movimientos.
Las réplicas pueden continuar durante días, semanas e incluso periodos más prolongados dependiendo del terremoto.
Esto no significa automáticamente que vaya a producirse otro evento mayor.
Sin embargo, representa una razón adicional para no ingresar a edificaciones que presenten daños estructurales hasta que hayan sido evaluadas por personal competente.
El verdadero debate después del terremoto: qué tan preparada está Colombia
Cuando termine la emergencia inmediata, Colombia tendrá que hacerse una pregunta incómoda pero necesaria:
¿estamos realmente preparados para el próximo gran terremoto?
El país cuenta con normas de construcción sismorresistente y una red científica capaz de monitorear permanentemente la actividad sísmica.
Pero la vulnerabilidad no depende únicamente de los edificios modernos.
Millones de colombianos viven en viviendas construidas progresivamente, algunas sin acompañamiento técnico suficiente. Existen además hospitales, colegios, puentes, carreteras, aeropuertos y edificaciones antiguas cuya capacidad para resistir grandes movimientos debe evaluarse constantemente.
El problema adquiere todavía mayor importancia en municipios pequeños y zonas rurales.
La preparación frente a terremotos no puede convertirse en un privilegio exclusivo de las grandes ciudades.
Prevención significa salvar vidas
El terremoto del 10 de agosto deja una lección que va mucho más allá de la geología.
Colombia no puede impedir el movimiento de las placas tectónicas. Sí puede reducir sus consecuencias.
Eso exige hacer cumplir las normas de construcción, reforzar infraestructura vulnerable, mejorar los sistemas de emergencia, mantener rutas de evacuación funcionales y enseñar desde colegios y comunidades cómo actuar durante un terremoto.
También exige fortalecer las capacidades institucionales en las regiones.
Chocó, el Eje Cafetero y el Pacífico no pueden recibir atención únicamente después de una tragedia.
La reducción del riesgo debe convertirse en una política permanente.
Un terremoto no mata por sí solo: la vulnerabilidad importa
Existe una idea fundamental dentro de la gestión del riesgo: un fenómeno natural no se convierte automáticamente en desastre.
El desastre aparece cuando ese fenómeno encuentra comunidades vulnerables.
Una construcción resistente puede soportar movimientos que destruirían una estructura precaria.
Una ciudad preparada puede evacuar y responder mejor que una ciudad sin protocolos.
Un hospital reforzado puede continuar funcionando después de un terremoto; uno vulnerable puede convertirse en otra víctima de la emergencia.
Por eso, la discusión después del terremoto no debería limitarse a preguntarnos cuándo volverá a temblar.
La pregunta más útil para Colombia es otra:
¿qué podemos hacer antes de que vuelva a ocurrir?
Entender el terremoto para prepararnos mejor
El terremoto de magnitud 7,4 de este 10 de agosto recordó de manera dramática que Colombia está situada sobre un territorio geológicamente activo.
La gran profundidad del evento, su origen dentro de la placa de Nazca y la enorme energía liberada ayudan a explicar por qué fue percibido en una región tan extensa y por qué para muchos ciudadanos pareció durar una eternidad.
Pero la ciencia también deja un mensaje menos alarmante y mucho más útil.
No podemos detener los terremotos.
Podemos construir mejor, prepararnos mejor y responder mejor.
Después de rescatar a las víctimas y atender a los damnificados, esa deberá ser una de las grandes discusiones nacionales que deje la tragedia del 10 de agosto.
