El presidente Abelardo de la Espriella informó que alias ‘Momo’, señalado como presunto cabecilla del Clan del Golfo, murió durante una operación de la Fuerza Pública en El Bagre. El operativo también dejó dos capturados y la incautación de armas, municiones y equipos de comunicaciones.
El Gobierno Nacional reportó un nuevo resultado de su ofensiva contra las organizaciones armadas ilegales. El presidente Abelardo de la Espriella confirmó que el Ejército abatió a alias ‘Momo’, señalado por las autoridades como presunto cabecilla del Clan del Golfo, durante una operación desarrollada en la vereda El Tigre, zona rural de El Bagre, Antioquia.
Según la información divulgada por el mandatario, en el operativo también fueron capturados alias ‘Mónica’, señalada como responsable de la logística de la estructura criminal, y alias ‘Chuzo’, identificado como otro presunto líder de la estructura Jorge Iván Arboleda.
El balance presentado por el jefe de Estado incluye la recuperación de tres fusiles, seis pistolas, 28 proveedores y más de 1.350 cartuchos de diferentes calibres.
De la Espriella señaló que la operación fue desarrollada por el Ejército con apoyo de inteligencia de la Policía Nacional.
Armas, radios y computadores, el golpe fue más allá de un cabecilla
Uno de los componentes más importantes del operativo estaría en el material incautado.
De acuerdo con la Séptima División del Ejército, las tropas consiguieron el “desmantelamiento de la central de comunicaciones” utilizada por la estructura criminal.
Las autoridades reportaron la incautación de 14 radios, cuatro teléfonos celulares, un computador portátil y un equipo detector de señales, además del armamento y la munición.
La pérdida de estos equipos podría afectar temporalmente la capacidad de coordinación de la estructura en la zona. Sin embargo, el alcance real del golpe dependerá de la capacidad de las autoridades para mantener la presión sobre las redes logísticas, financieras y territoriales de la organización.
El Bagre, una batalla que se libra mucho más allá de las armas
El Bagre está ubicado en una región golpeada durante años por la presencia de organizaciones armadas y la disputa por economías ilegales. El Nordeste y el Bajo Cauca antioqueño concentran corredores estratégicos y zonas donde actividades como el narcotráfico y la explotación ilícita de minerales ayudan a financiar estructuras criminales.
Para quienes viven en estos territorios, esa disputa no es una discusión abstracta sobre seguridad nacional. Se traduce en extorsiones, amenazas, desplazamientos, confinamientos y restricciones a la movilidad.
Por eso, el impacto de la operación no puede medirse exclusivamente por el número de capturas o por las armas recuperadas. El verdadero indicador será determinar si la presencia del Estado consigue reducir la presión que los grupos armados ejercen sobre las comunidades.
Alias ‘Chuzo’, otra pieza que las autoridades buscaban sacar del tablero
Entre los capturados aparece alias ‘Chuzo’, a quien el Gobierno atribuye responsabilidades dentro de la organización criminal.
De la Espriella sostuvo que el señalado integrante del Clan del Golfo estaría relacionado con acciones contra la Fuerza Pública, confrontaciones con el ELN y actividades destinadas a fortalecer las rentas criminales de la organización.
Las autoridades deberán ahora presentar ante la justicia las pruebas correspondientes y establecer las responsabilidades individuales de los capturados.
Ese punto es fundamental: mientras la Fuerza Pública ejecuta las operaciones, corresponde a fiscales y jueces determinar responsabilidades penales respetando el debido proceso.
De ‘Max Max’ a ‘Momo’, el Gobierno acelera su ofensiva contra los mandos armados
El 12 de agosto, De la Espriella anunció la muerte de Dubán Ramiro Castillo Cortés, alias ‘Max Max’, señalado como uno de los principales expertos en explosivos de estructuras disidentes vinculadas a Iván Mordisco.
Según el Gobierno, ‘Max Max’ llevaba cerca de una década en actividades criminales y habría participado o contribuido a preparar ataques contra instalaciones de la Fuerza Pública en Valle del Cauca y Cauca.
La sucesión de operaciones empieza a mostrar una característica de la política de seguridad del nuevo Gobierno: buscar y neutralizar mandos, operadores especializados y redes logísticas de las organizaciones armadas.
El propio presidente dejó clara esa orientación al señalar que continuará la ofensiva contra cabecillas del Clan del Golfo, disidencias y ELN.
“Vamos a combatir el delito y a estos grupos narcoterroristas sin tregua”
afirmó De la Espriella.
Abatir cabecillas es un golpe; recuperar el territorio es el desafío
La muerte o captura de un jefe criminal puede alterar el funcionamiento de una organización, pero no necesariamente significa su desaparición. En estructuras con capacidad financiera y presencia territorial, otros integrantes pueden reemplazar rápidamente a quienes salen de la cadena de mando.
Por eso, una política de seguridad sostenible necesita acompañar las operaciones militares y policiales con inteligencia financiera, persecución de las redes de narcotráfico y minería ilegal, fortalecimiento de la justicia y presencia institucional permanente.
También requiere inversión social. Carreteras, educación, salud, empleo formal y oportunidades para los jóvenes forman parte de la disputa por territorios donde durante décadas los grupos ilegales han aprovechado la ausencia o debilidad del Estado.
Para El Bagre, la victoria real sería poder vivir sin miedo
Para el Gobierno, el operativo representa un resultado militar importante. Para los habitantes de El Bagre y municipios vecinos, la pregunta es mucho más sencilla: ¿mejorará realmente la seguridad?
Si el debilitamiento de la estructura se traduce en menos extorsiones, desplazamientos, homicidios y amenazas, la operación tendrá consecuencias concretas para la población. Si otro cabecilla ocupa rápidamente el espacio dejado por ‘Momo’, el resultado podría terminar siendo temporal.
El reto de la administración De la Espriella será convertir la presión militar en control legítimo y duradero del territorio por parte del Estado.
Porque en regiones históricamente golpeadas por la violencia, recuperar un fusil es importante, capturar un cabecilla también. Pero recuperar la tranquilidad de una comunidad es el resultado que realmente cuenta.
